Esta es la quinta y última parte de mi serie de posts sobre el parto en casa. Si no lo has hecho, puedes leer la parte I, la II, la III y la IV.
Los preliminares
Mi hermana Virgi viajó desde Caracas para acompañarme en el parto. El problema es que sólo podía venir por una semana, y claro, no sabíamos cuándo se produciría el acontecimiento. Ya estaba en la semana 40, Virgi había llegado un sábado y ya era miércoles, y además mi médico me había amenazado con una inducción si a finales de semana el chiquitín seguía sin querer salir.
El martes por la tarde-noche empecé a tener contracciones, o lo que yo creía que eran contracciones, pero como ya me había pasado antes en lo que había sido una falsa alarma, no le dí importancia (Dios, cuántos "había" repetidos, pero si me pongo muy literaria jamás terminaré de escribir este post). Tenía que entregar unas traducciones, pero me costaba pensar con claridad. Así que cuando por fin me las saqué de encima, Virgi y mi querida prima-hada madrina Nadia me revisaron el trabajo para asegurarnos de que no había escrito ningún disparate, y acto seguido me llevaron a…
La peluquería.
Fue idea de Virgi. Y se lo agradeceré siempre. ¿Cómo iba a parir yo con esos pelos? ¿Y salir así en las fotos? "Además, pasarán meses antes de que puedas volver a la pelu, Vivi, que vas a tener un bebé, ¿recuerdas?" Es verdad, pensé, y abandoné toda resistencia mientras mi prima y mi hermana me escoltaban, jadeante, pesada y barrigona, a pesar de que iban a ser las 8 pm y ya me dirán en qué peluquería te hacen las mechas a esa hora. Pero yo estaba a punto de parir, y aquello era una emergencia. Afortunadamente, mi enorme barriga ya me había concedido el pase a esa hermandad universal que formamos las mamás, siempre dispuestas a ayudarnos. La peluquera entendió perfectamente la urgencia de la situación y accedió a atenderme.
Lo recuerdo todo como si se tratara de una película. Mi hermana y mi prima vigilando los movimientos de la peluquera y tomando fotos, las otras clientas sonriéndome con complicidad, y aquel dolor que parecía como de regla y que iba y venía mientras yo intentaba, sin éxito, concentrarme en una revista de esas frivolonas con modelos luciendo una ropa que yo no podría ponerme en meses, años quizá.
De parto
Al día siguiente, muy temprano, tenía médico. Virgi me acompañó. El dolor de regla continuaba, pero no era nada del otro mundo. El doctor me examinó y me encontró de tres centímetros. "Pero mujer, si tú estás de parto", me dijo. Y me propuso quedarme en la clínica, llamar a mi marido, ponerme oxitocina. Me negué. En los monitores salía que mis contracciones eran casi del 100% (sea lo que sea lo que eso quiere decir). "¿No te duele?" me preguntaba el médico. Pues no. La verdad es que no. Me molestaba, pero no era dolor. En el taxi de vuelta a mi casa llamé a mi comadrona. Me dijo que volviera a llamarla cuando las contracciones fueran regulares, "o cuando tú quieras".
Mi hermana y yo nos fuimos a dar un paseo. En las muchas fotos que nos tomamos salgo lozana y feliz (a diferencia de las de después de parir, en las que me veo… bueno, recién parida). Decidí que, si mis contracciones eran ya de casi 100% y no me dolía demasiado, aquello iba a ser fácil, muy fácil. La gente si es exagerada, pensé. Tanta cosa con el dolor del parto y resulta que es como tener la regla. En unas pocas horas tendría a mi bebé en brazos, en mi casa, con mi familia. La champaña ya se estaba enfriando.
Mi esposo, Mariano, vino de la oficina, emocionadísimo. También vinieron mis padres. Las contracciones iban en aumento, pero eran perfectamente soportables. Me puse ropa cómoda, comimos algo. Mientras tanto conversábamos, reíamos, hacíamos bromas. Yo paseaba por toda la casa, no podía estar quieta. Como a las cinco de la tarde las contracciones comenzaron a ser cada vez más regulares. Mariano anotaba diligentemente los tiempos en un cuaderno. Cuando venían a intervalos de unos cinco minutos volvimos a llamar a Jero, nuestra matrona, que se puso en camino. Mis padres se despidieron. Yo no quería que ellos estuvieran en mi casa llegado el momento, sabía que me sentiría inhibida con su presencia. En cambio mi hermana se quedó, como yo le había pedido.
Virgi nunca habría elegido parir en casa, y al principio no estaba demasiado cómoda con la idea. De hecho, aquella mañana, en la clínica, me sugirió que le hiciese caso al doctor y me quedara ingresada, ¡después de los meses que yo llevaba planificando mi parto en casa! Pero a pesar de no compartir mis preferencias, me acompañó con la fortaleza, el respeto y la discreción de un ángel, y esa es otra cosa que le agradeceré siempre.
¿Nos vamos al hospital?
Para entonces, el dolor había ido en aumento. Me refugié en mi cuarto, con las persianas bajadas, e intenté recordar lo que tantas veces había leído acerca de cómo hacer frente a las contracciones: que si la respiración y no sé qué movimientos, blablabla. Imposible, no recordaba nada. Pero todavía podía reírme de mí misma: ¡ilusa yo, de haber creído que aquellas contraccionsitas de nada que había tenido en la mañana eran ya el trabajo de parto! El próximo hijo lo adoptaríamos, le decía a Mariano. Mientras tanto, Jero iba y venía, con toda la tranquilidad del mundo, para preguntarme si necesitaba algo, si quería que nos fuéramos al hospital. ¡Por supuesto que no! Aquello dolía, pero la idea de ir al hospital no me habría pasado por la cabeza.
Jero me propuso darme un baño. El agua caliente me hizo sentir mucho mejor. Lo único que necesitaba era quedarme allí, en la penumbra (Jero había encendido una vela), con los ojos cerrados y la única compañía de Mariano apretando mi mano, sin hablar. Supongo que eso es lo que llaman Planeta Parto. No pensaba en nada, sólo sentía las contracciones, y tal como había leído, era capaz de descansar en el cortísimo intervalo entre una y otra. No sé ni cuánto tiempo pasó. Jero venía de vez en cuando a escuchar el corazón del bebé, que se encontraba perfecto.
De pronto mi cuerpo ya no quiso estar más tiempo en esa posición. Necesitaba inclinarme hacia adelante y empecé a sentir ganas de empujar. Jero y Mariano me ayudaron a salir de la bañera y me secaron. Me senté en el WC. Las ganas de empujar eran incontrolables. De hecho no empujaba yo, todo lo hacía mi cuerpo. Yo sólo observaba.
Entonces sentí que algo blando salía y llamé a Virgi, creyendo que ya se trataba del bebé, pero no: era la bolsa, que acababa de romperse. Me sentí un poco descorazonada, porque aquello ya dolía bastante: ¿cuánto tiempo más iba a durar? Jero me tranquilizó invitándome a sentir la cabecita de mi bebé. ¡Sí, allí estaba! ¡Tan cerca! En ese momento tomé conciencia de lo que en verdad estaba sucediendo: estaba pariendo. Iba a tener un bebé. Suena raro, pero una parte de mí lo había olvidado.
A cuatro patas
Aquello me dio nuevas fuerzas. Mariano y Jero me llevaron a la cama y allí mi cuerpo hizo lo que mejor le pareció: se puso a cuatro patas y comenzó a gritar con cada contracción, a pegar unos alaridos incontrolables que parecían salir desde el fondo de mí misma. La fuerza de las contracciones era brutal. Cuando ya creía que había terminado, aún venía otro empujón que me dejaba literalmente sin aliento: dolía, dolía mucho, muchísimo, era salvaje, como un ciclón o un terremoto, mi cuerpo se abría con una fuerza totalmente incontrolable, no tengo adjetivos para describirlo. Me parecía que los alaridos que salían de mi boca no eran míos, los escuchaba como a lo lejos. Ya no podía más. Cuando terminó la siguiente contracción, recobré como pude el aliento y lo dije: no puedo más. Mariano, Jero y Virgi me decían que no quedaba nada, que lo estaba haciendo muy bien, que ya el bebé estaba allí. En la siguiente contracción sentí que me rompía y justo entonces salió la cabecita de Tobías.
Lo siguiente que recuerdo fue que me pasaron a mi bebé entre mis piernas (yo seguía a cuatro patas) y que Mariano y Virgi lloraban. Yo no. No tenía lágrimas. Estaba perpleja, tan sorprendida de ver a aquella criaturita pegajosa frente a mí, que me demoré unos segundos en cogerla. Cuando lo hice, instintivamente le conté los deditos de las manos y los pies, mientras le hablaba como cuando estaba en mi barriga, como retomando una conversación que habíamos dejado a la mitad. Ni siquiera se me ocurrió comprobar su sexo. Tenía cinco deditos, eso era lo que importaba: ahora yo necesitaba descansar.
Me ayudaron a acostarme (yo sola habría sido incapaz de moverme) y Mariano puso a Tobías sobre mí. Nos miraba con los ojitos bien abiertos, curioso y despierto, fijándose en todo. Me sorprendió lo sabia, consciente y serena que era su mirada. Al poco rato ya había encontrado mi pecho. ¡Era tan pequeñito y a la vez tan fuerte! Mariano cortó el cordón cuando terminó de latir, con toda la calma del mundo.
Jero nos recordó que todavía no había acabado todo, faltaba la placenta, y además había tenido un pequeño desgarro y debía cogerme un punto. Después de haber pasado tanto dolor, la idea de que me cosieran (sin anestesia) no me gustó nada… pero en realidad no fue tan grave al final. Lo siguiente fue ducharme con la ayuda de Mariano mientras Virgi y Jero acomodaban la habitación y cambiaban las sábanas. Sólo entonces llamamos a la familia. No sé ni qué hora era. En total, el trabajo de parto duró sólo unas cinco horas, aunque a mí me había parecido eterno.
Mis padres y mi hermano vinieron a conocer a Tobías y sacamos la champaña. Brindamos en mi cuarto, en la misma cama en la que horas antes había nacido mi chiquitín, que no se desprendía de mi pecho. Me sentía cansada pero eufórica, mucho más segura de mí misma de lo que había estado jamás, rodeada del amor de los míos. No podía pedir más.
Esa noche, como tantísimas otras mamás, la pasé en vela. Había pensado en poner al bebé en el moisés junto a mi cama, pero cada dos segundos tenía que asomarme para ver si estaba respirando. Así que lo puse junto a mí en la cama. Mariano dormía a mi lado, agotado, pero yo sólo podía acariciar a mi chiquitín, tan minúsculo y tan valiente.
¿Quieres compartir la historia de tu parto? Escríbeme y la publicaré en el blog.












¡Que alegría!
Que cosa tan bonita acabo de leer. Me alegro que aquella amiga de mi infancia que no sabía vivir sin leer ha logrado hacer sentir a los demás lo que ella sentía. Que forma tan maravillosa de plasmar tu experiencia. Con tus palabras has logrado emocionarme.
Tobías tiene un documento maravilloso para saber como fue su llegada a este mundo. Es maravilloso que describas la fortaleza que te daba el saber que la fuerza de Tobías te daba fuerza y seguridad en tu capacidad como mujer.
Me encantó leerte, yo no tuve la suerte de haber vivido esa experiencia. De igual forma, agradezco el tener dos hijos maravillosos que me han fortalecido a través de descubrir la capacidad de crecer con ellos.
Un beso fuerte,
Merche
Ay Merche, no sabes lo que me emociona tu comentario. Hemos compartido tantísimas cosas, y ahora poder compartir esto también es un privilegio tan grande! Hace nada las niñas éramos nosotras, ¿no? Muchísimas gracias por pasarte por aquí, por dejar tu comentario, por estar cerca aunque lejos. Te mando un abrazo inmenso, a esa mamá bella de dos, y a la niñita que era mi mejor amiga y que se encaramaba conmigo en los árboles.
Vivian que lindo que hayas compartido ese maravilloso momento de parir un hijo. Me hiciste emocionar hasta las lagrimas!
En mi caso fue un poco mas complicado porque mi niño tenia doble vuelta de cordon y estaba mal ubicado por lo que nacio por cesárea. Por suerte elegi un obstetra y partera que me contuvieron mucho y tratamos de hacer todo con la "menor" intervencion médica posible….y la verdad es que me senti muy tranquila y entera para recibir a mi cachorro…
De una u otra forma siento que el traer un hijo al mundo es la experiencia mas intensa y extraordinaria que hay en la vida. Como la naturaleza es tan sabia en mi caso borro de mi mente todos los momentos dificiles que vivi y solo tengo presente los momentos maravillosos….sobre todo el momento en que vi a mi enanito y me lo puse encima para compartir nuestros olores, sonidos y nuestro profundo amor!
Eso es lo importante, Lola, que todo se haga con respeto. Yo creo que clave no tener como objetivo un parto natural, porque no siempre se puede, sino un parto consciente– y al decir parto hablo también de cesárea. Lo importante es vivir la experiencia de manera consciente y recibir un trato respetuoso en todo momento. Gracias a Dios que la medicina ha adelantado tanto y que fuiste atendida por buenos profesionales! Y que luego pudiste disfrutar de tu chiquitín, tomarte el tiempo de (re)conocerlo…
Muchas gracias por comentar
Te mando un gran abrazo!
O agradecer lo que nos ha tocado aún siendo diferente a lo planificado. Mi parto no fue ni siquiera consciente en el sentido literal de la palabra. Gabriel nació en una cesárea de emergencia mientras yo estaba bajo una anestesia general. Pero gracias a mis doctores soy la madre de mi hijo, él está sano y ellos me dieron la fuerza de hacerlo una segunda vez.
Nació Daniela, al cumplir 36 semanas por orden médica. Sana, feliz y estoy aquí para los dos. Crecemos todos juntos y a pesar de emocionarme de pensar que me hubiera encantado parir…. con Daniela así lo sentí. Estuve ahí, consciente… hablando, recibiéndola. La naturaleza es maravillosa. Capaz de permitir la maravilla que narras de parir en casa y capaz al mismo tiempo de desarrollar opciones y capacidades en doctores para ayudar a traer niños a este mundo.
Simplemente es maravilloso ser madre… y agotador ;o)!!!!!
Totalmente de acuerdo contigo, Merche! Muchas gracias por estar.
Qué bello Vivian! Tenía ganas de leer el final
Qué loca y qué sabia decisión la de llevarte a la peluquería, jeje…
A mí durante el parto me impresionó lo mismo que a ti (de hecho creo que a todas las que logramos un parto natural, natural de verdad): como aflora tu lado animal y tu cuerpo *sabe* qué hacer… Con lo de los puntos sin anestesia, te cuento que a mi me pusieron anestesia local y sin embargo me molestó bastante. Me dolió el pinchazo de la anestesia, y luego no sé por qué, no surtió efecto, sentí todo mientras me suturaban, ahí me enfoqué en la carita de Sam, en detallarle las orejas, los ojos y los dedos, y se hizo más llevadero.
Gracias por compartir tu historia, yme alegra muchísimo que hayas logrado el parto que querías. It marks a woman to give birth, huh? It makes you feel you can achieve anything you set your mind to. What's more empowering than childbirth?
Un abrazo,
Louma
Gracias, Louma! Así es, parir es una experiencia tan intensa y poderosa que por más que intentes describirla siempre te quedas corta. Y es maravilloso darte cuenta de que tu cuerpo sabe hacerlo, de que fue hecho para eso, y que nadie tiene que enseñarte nada para parir. Y que es duro pero soportable, sí, te da muchísima confianza en ti misma!
Gracias a ti por pasarte por aquí
Un gran abrazo!
Oh, qué emocionante y qué belleza!!!
No sé cómo hay quien puede dudar de que esto es la experiencia más suprema de la humanidad!!!
¿Cómo no había leído este relato antes? Gracias, Vivian, muchas gracias por compartirlo.
Un abrazo grande!!!
Muchas gracias a ti, Ileana! Un abrazo!
Me ha encantado leer tu relato, pero me duele no haberlo encontrado antes. Si llego a leerlo hace unos meses, me habría dado confianza a cerca de parir en casa. El caso es que yo lo tenía decidido, pero todo se fue complicando y yo creo que fue porque no me dejé llevar lo suficiente por el instinto.
Tampoco me podía permitir una matrona en casa, por lo que mi miedo era mayor, aunque yo tenía claro que podía tenerlo perfectamente sola en casa y sin ayuda, ya que tengo el hospital a 15 minutos de casa en coche y no me hubiera importado ir allí con el bebé en mis brazos, pero la cosa se complicó y no me sentí con el valor suficiente. Me pudo el miedo a que pasara algo.
Aunque puedo decir que tuve un parto bastante bueno y bastante consciente, para haber sido intervenido. En el hospital me trataron como en casa. Y no fue un hospital privado.
¿Sería posible poder plasmar en tu blog mi parto? o sólo aceptas comentarios en él.
Hola Miriam:
Personalmente desaconsejo el parto sin asistencia. Si surgiera algún problema, un profesional con experiencia puede manejar la situación y aconsejar el traslado al hospital en caso de ser necesario. Creo que es mucho más sensato parir en un hospital que hacerlo en casa sin asistencia. No se trata de correr riesgos innecesarios sólo para dar a luz en casa! Y en cuanto a lo del relato de tu parto, si quieres enviármelo lo publicaré con mucho gusto
Procura que no sea muy largo (y me reservo el derecho de editarlo para ganar en claridad si hiciera falta, ¿vale?)
Por eso mismo finalmente me fuí al hospital. No dejé fluir mi instinto, pero sí mi sentido común, jeje.
Te mando mi relato por mail. Besos
Vivian, ¡PRECIOSO! Gracias por compartirlo, me encanta. Qué alegría me da saber que en España hay mujeres con este sentir. Nunca me lo hubiese imaginado, aunque viví allí por 20 años. Ahora vivo en EEUU, y he tenido dos partos en casa, maravillosos los dos. Espero que las cosas sigan cambiando para que más mujeres puedan tener la experiencia de dar a luz de la manera más natural, con gente de confianza y en el atmósfera relajado de sus propios hogares. Por casualidad, ayer publiqué la historia de mi último parto en mi blog! Es http://elhogarsencillo.com/2011/06/el-nacimiento-de-noe/. ¡Gracias por lo que haces Vivian!